martes, 23 julio, 2024

Acuerdo con el FMI: el entusiasmo sólo duró 48 horas

La economía se encamina a una nueva recesión y uno de los coletazos serán los créditos al sector privado. Las críticas al entendimiento llegaron desde adentro del Gobierno, pero también arreciaron desde el exterior.


Javier Milei y Máximo Kirchner son ideológicamente distintos. Sin embargo, ambos legisladores ya manifestaron que votarán en contra del acuerdo que el Gobierno se encamina a firmar con el FMI.

Sus motivos son bien diferentes. Para los liberales el compromiso se queda muy corto a la hora de combatir el flagelo que hace décadas sufre la economía argentina, que es alto déficit fiscal y un gasto público que crece descontroladamente.

El kirchnerismo duro, al contrario, cree que se viene un nuevo programa de ajuste que sólo puede llevar a un nuevo fracaso.

Para ambos, el nuevo programa con el FMI llevará a la Argentina a una mayor pobreza. Lo real es que la economía seguirá produciendo cada vez más pobres en 2022 y, esta vez, no será culpa del Fondo Monetario.

El último dato del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), que divulgó el Banco Central sobre las expectativas de economistas y consultoras, señala que se espera una inflación del 55%, lo que dejará a cientos de miles de argentinos por debajo de la canasta básica.

Pero además se proyecta una recaída de la actividad económica en el segundo trimestre, que terminaría 0,3% abajo que el mismo período del año pasado. Si bien la expectativa es que la economía crezca 3% este año, casi todo el efecto está explicado por el “arrastre” que dejó el 2021 y un buen arranque del 2022.

Rebote corto

En otras palabras, el rebote de 10%, que permitió a la economía dejar atrás el derrumbe de la pandemia, ya está a punto de quedarse sin impulso. Y lo mejor en materia de actividad ya habría quedado atrás y sin motores reales de crecimiento.

La cosecha traccionará menos que el año pasado, el consumo tenderá a decaer por la alta inflación y la inversión seguirá brillando por su ausencia.

El entusiasmo por el “principio de entendimiento” con el FMI duró un fin de semana. Los mercados festejaron que se haya evitado el default con el organismo, lo que hubiera desatado una corrida cambiaria. Pero enseguida comenzaron a “bombardear” el arreglo por demasiado duro o demasiado blando, desde adentro y desde afuera.

Así, el acuerdo con el Fondo corre peligro de seguir el mismo derrotero que la renegociación de la deuda de 2020. Un arranque promisorio, pero que enseguida abrió paso a la desconfianza ante la falta de señales concretas sobre un plan o un rumbo.

Movida k

Con su alejamiento como jefe de la bancada oficialista en Diputados, Máximo Kirchner dejó bien en claro que la principal oposición al acercamiento con el FMI está dentro del propio oficialismoaunque en su salida no propone una sola alternativa razonable si no se acuerda. En los círculos empresarios no hay dudas que detrás de esta decisión está Cristina Kirchner, que busca resguardar su capital político.

De esta forma, supone la vicepresidenta, si la economía empeora tendrá la posibilidad de echarle la culpa al Presidente, al FMI y por qué no a Mauricio Macri, sin hacerse responsable ella de nada. Ya lo hizo cuando habló de “funcionarios que no funcionan” a fines del 2020 y con la carta posterior a las PASO, cuando apuntó contra Martín Guzmán por el ajuste de la primera parte del año, que según ella fue el responsable de la dura derrota electoral.

No ajuste

Esta lógica del “no ajuste” se choca con las críticas que apuntan en la dirección contraria, es decir, aquellos que insisten en que se trata de un arreglo demasiado “light” que no arreglará ninguno de los problemas que arrastra la Argentina.

“El Fondo debería pensarlo de nuevo”, concluyó un duro editorial del Financial Times. El diario de negocios más influyente del mundo criticó duramente en el artículo al Fondo por “no exigirle a la Argentina un programa serio que permita a una recuperación sostenida”.

Otros grandes medios internacionales como el Wall Street Journal y el Washington Post también apuntaron sus críticas en esa dirección. “Argentina es un país adicto a las deudas y el FMI es el proveedor”, concluyó este último.

Estos editoriales reflejan además la postura negativa de los grandes bancos y fondos de inversión de Wall Street. Todos ellos tienen grandes cantidades de bonos reestructurados de la deuda y aceptaron ingresar al canje efectuado por Martín Guzmán en 2020.

Las principales condiciones del acuerdo con el Fondo terminaron de confirmar los peores temores: la deuda argentina que tienen en sus manos es impagable. Puesto de otro modo: se “salvaron las ropas” con el FMI, pero se avanza hacia un nuevo default con los bonistas privados.

Moody’s también divulgó un extenso informe que llega a la misma conclusión. La calificadora de riesgo consideró con un “alto grado de probabilidad” que la Argentina no podrá hacer frente al pago de su deuda, aunque no ocurrirá en el cortísimo plazo.

Lo cierto es que aún no está claro cómo se le pondrá el “cascabel al gato”, o sea cuáles serán los pasos para bajar el déficit como exige el FMI, aún cuando de pasar del 3% al 2,5% de rojo primario este año luce cumplible. Y lo mismo el descenso a 1,9% que se propone para 2023.
Por ahora, el Gobierno y el FMI le apuntan casi exclusivamente a los subsidios energéticos.

“Aguantar y rezar”

Mauricio Macri le dejó el default servido en bandeja a Alberto Fernández y éste devolverá las gentilezas. El FMI es cómplice: con el acuerdo le tendió un puente para llegar como sea hasta el 2023.

Sin reservas en el Banco Central, una inflación superior al 50%, altísima brecha cambiaria y con la confianza por el piso. Como le gusta repetir al economista Carlos Melconian, se trata apenas de “aguantar” y “rezar” para que no se produzca un estallido.

El acuerdo marca además importantes incongruencias. Una de ellas es que el freno a la emisión monetaria es mucho más violento que la pauta de reducción del déficit fiscal. Esto implica que el endeudamiento del Tesoro deberá acelerarse dramáticamente, a fuerza de suba de la tasa de interés y de desplazar del crédito al sector privado.

(Fuente: Infobae)